martes, noviembre 07, 2006

Pase maestro, bienvenido











Por Satelito (J.C. Araneda)












No ha sido fácil la vida de Ariel Arnaldo Ortega. De alguna manera siento que como "futbolero de fibra" tengo que pedir disculpas.
Antes del clásico que ganó River, le adjudicaba un extraño alejamiento al Burrito. Dije que el delantero gallina estaba "arrancando" ante una derrota segura. Ni era así ni tampoco perdieron. Y es que yo no soy periodista. Carezco de ese sentido que un par de mis compañeros de staff manejan. No supe en su momento que Martín Palermo lloraba un par de goles anotados porque se los dedicaba a su hijo muerto en la semana. Menos sabía que Ortega padecía de un problema con el alcoholismo.
Le pago la falta averiguando un poco. Sabe que puedo decirle que Ortega no está lejano a sufrir los embates de la fama y el fracaso, lo que generalmente es más susceptible en atrapar personajes que padecen de cierto "mundo" o roce. El delantero, está lejos de representar el papel de ídolo que para su desgracia interpreta desde sus primeras andanzas en una cancha profesional por allá en 1991.
Sepa usted que la vida del jujeño está marcada por eventos no menores. Recuerdo que un día, cuando el argentino pasaba sus días de retiro obligado en la pequeña San Martín, un equipo de TyC Sports lo entrevistó en aquél simple, distinto y campestre lugar. No era una hacienda. Era un pueblo con calles angostas y de tierra. El Burrito, el último "10" de la selección jugaba pichangas de barrio con niños incluso, comía asados y tomaba mate bajo un parrón y "sin remera". Como en el barrio.
Allí contó que cuando le pagaron su primer sueldo en River, tomó el manojo de billetes y lo escondió en sus calzoncillos. Viajó toda la coche en un bus y no durmió para que no le robaran. Llegó con algo más de cien pesos argentinos y se los dio a su madre. Un campesino virtuoso con los píes recien aprendía a manejarse en la gran ciudad.
Después, su dribling endemoniado lo llevó a la memorable selección trasandina que jugó el mundial del '94 en EE.UU. La de Maradona, Batistuta, Redondo, Balbo, Islas y Caniggia. El miraba a sus ídolos hasta que llegó el suceso "del Diego", Basile lo mandó a la cancha y el Burrito fue el único "vivo" en un equipo que moralmente terminó en la cancha muerto. Desde ese día fue el reemplazante natural del mito Maradona para los ojos de todos sus compatriotas.
Jugando en River alcanzó el cupo de ídolo histórico, de ahí recaló en Sampdoria y el Parma en Italia. El mundial de Francia lo recibió ya como campeón de América y figura consular, conduciendo vitalmente a la Argentina de Passarella hasta los cuartos de final, momento en que su mal genio le juega en contra y es expulsado por agredir tontamente a Van Der Sahr.
Hasta que llegó el contrato con el Fenerbahce de Turquía y el comienzo de su infierno. No quiso quedarse, estaba aislado, no lo consideraban y jugaba de titular pero en un fútbol agresivo, con un entrenador que lo utilizaba en otros puestos y lejos de su familia y amigos. Una bomba de tiempo que se sabe, en tipos bipolares y retraídos como Ortega genera reacciones radicales. Se escapó y tras la apelación de su club, la Fifa lo suspende por dos años sin jugar profesionalmente.
Algo de lobby de Julio Grondona y esfuerzos económicos de Newell's lograron que uno de los mejores jugadores de la última década en todo el mundo saliera de su claustro y regresara al mismo club que repatrió a Maradona en Argentina. Todos celebraban. Los de Boca, los de River, los de Central o los de Newell's. Regresaba el hijo pródigo de la pampa trasandina y la finta tan célebre de la cancha de tierra sudamericana.
Pero Ariel Ortega tenía un semblante triste. Ya nunca fue el mismo. Sigo revisando archivos y veo que en 2005 su esposa le demando por violencia intrafamiliar. Otro suceso que demuestra su depresión. El Burrito no es adicto por farrero, porque se creyó el cuento o por culpa del éxito. Es el caso del niño cohibido que accedió rápidamente a un mundo de mentira y que, pese a dedicarse sólo a jugar, no pudo exhimirse de pagar el precio de la fama y el éxito. Una corriente contra la que está nadando cada vez con más suerte, ahora que se da cuenta que todos saben de su carencia. Ahora que todos quieren ayudarlo y nadie pretende caricaturizarlo por ello.
Los triunfos de su equipo se los dedicaban a él. Y este domingo volvió al Monumental, en un clásico, luego que toda su afición lo pedía y con sus compañeros y técnico esperanzados en verlo renacer. Tomó un balón, encaró y cuando tuvo que definir, lo hizo como los dioses dejando una lección para que se aprenda.
El fútbol nunca paga, la pelota no se mancha como dijo Maradona en su despedida. Y Ariel Ortega nos demostró que el que nace con talento podrá moder el polvo de la derrota pero siempre será un tocado por la varita que distingue a los más grandes por sobre el resto.

5 Comments:

At noviembre 07, 2006, Blogger Milana said...

Me acuerdo de una frase de él en la portada de El Gráfico "El cartel de borracho no me lo quita nadie".

RIVER: A SOLAS CON ORTEGA DESPUES DEL GOL
"Passarella sólo llora por sus hijos, su nietita y por mí"

El Burrito bromea por la emoción del Kaiser, a quien le agradece la recuperación. "Volví a ser una persona normal, tranquila y divertida. Antes entraba a la cancha y no la veía".

 
At noviembre 07, 2006, Blogger Ripne said...

No cachaba, recien cache cuando todos habñaban del gol notable en Argentina y eso, porque en las noticias chilenas todavia no lo escucho.
Este loco siempre hace esos goles imposibles. Tiene la mejor pegada en velocidad desde que se retiró el Diego.
Te quedó muy buena. Leyendo a Miguel el otro día y esto ahora parece que estamos recuperando el nivel, más allá de que se mantengan las visitas o los comentarios.

 
At noviembre 08, 2006, Blogger Futbolero_mayor said...

Que bueno por él, más que por River o por mal de Boca Juniors, que es algo pelotudamente recurrente en Argentina.
Hay que tenerle respeto a los que regalan alegrías asi.
saludos

 
At noviembre 08, 2006, Blogger Miguel Ocares said...

Este borrachín es un astro loco. Le pega alto de la entrada del área y la pelota baja como en "folha seca" cachai. Tiene una técnica y enganche que dejan loco a cualquiera.

 
At noviembre 08, 2006, Blogger Waldo_Pedro_R said...

Ma carga River, pero este gallo es ídolo

 

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